sábado, agosto 09, 2008


MALOS OLORES

Un tema que nunca pasa de moda. Para aquellos que en nuestra nariz padecemos hipersensibilidad es algo muy desagradable. Me ha tocado sentir miles de veces la incomoda experiencia de tener que soportar los malos olores de algunas personas que abordan la micro. Observándolas reflexiono al respecto y la verdad no comprendo porqué van por la vida de esa forma, si aparentemente no debería haber un motivo para su falta de higiene y su falta de respeto para aquellos que se ven obligados a soportar el hedor de su entorno. He visto jóvenes que a juzgar por sus conversaciones, son estudiantes universitarios, pero huelen peor que vagabundos. Una vez me tocó ver en mi época de estudiante de diseño algo curioso. Con mis compañeras fuimos una mañana a una playa de Viña del Mar a dibujar y en el fondo del lugar vimos un vagabundo en su refugio de trapos y cartones. De pronto caminó en calzoncillos hacia el agua y se sumergió entre las olas en medio de la helada mañana de invierno y comenzó a lavarse como si el mar fuera su tina de baño. No usaba jabón, pero eso no importaba al parecer. Luego salió, se devolvió a su improvisado hogar, tomó una negra y enmohecida toalla y se secó, se puso su harapienta ropa, ordenó sus pertenencias y salió quien sabe a donde. Fue todo un espectáculo para nosotras y también un motivo para pensar, en que porqué si hay gente que tiene en su casa o alojamientos, agua potable, tina de baño, ducha, lavamanos o un lavatorio, no hacen uso de ellos e insisten en mantenerse sucios y mal olientes. Me a tocado conocer gente de diversos niveles económicos y sociales y es digno de admirar el caso de una compañera de colegio que era muy pobre, que la casa donde habitaba era una autoconstrucción, sin agua potable, pero sagradamente todos los días recolectaban agua en baldes y parte de ella era calentada en una cocina y usada para ducharse. La pobreza y falta de recursos no era excusa para la falta de higiene, pues ella siempre estaba muy limpia e impecable. En la otra cara de la moneda, recuerdo otro compañero, varón, que todos a sus espaldas apodaban “el hediondo”, pues su mal olor podía sentirse a una buena distancia. Con mi mejor amiga de ese tiempo, decidimos que no era correcto seguir burlándose y que la verdad es mejor. Fuimos a hablar con él de su problema de higiene cara a cara sin tapujos. Vimos la vergüenza en su rostro, pero se auto justificó sacando a relucir su pobreza, le dimos el ejemplo de nuestra otra compañera y quedó sin argumento. Lamentablemente no cambió, debemos pensar que se sentía a gusto así y para colmo mi amiga y yo nos ganamos un enemigo.
Puedo asegurar que lo del aseo personal no se mide por la riqueza o pobreza, es algo muy personal, de criterio y autoestima, de respeto y sanidad. He visto hombres de terno y corbata con mal aliento y no creo que no les alcance el sueldo para un dentífrico y un cepillo de diente o una consulta con el dentista, más lo veo como flojera. Personas con ropa de marcas caras, pero tan sucias que al parecer nunca han pasado por una lavadora y eso se huele y se ve. Que mata pasiones es un galán con olor a axilas o mal aliento o una coqueta mujer con olor a pies o hedor en sus partes íntimas y lo comento porque he conocido personas quejarse de estas características e incluso han sido a veces motivo del fin de una relación.
Solo basta agua, jabón y amor propio, para sentirse bien y no ofender al entorno con malos olores. Recuerden que somos humanos civilizados y parte de la evolución también incluye aseo e higiene, ¡limpieza!