
VIERNES MUSICAL
Este viernes que pasó, fue marcadamente musical. Les contaré que a eso de las siete de la tarde, luego de un día bastante agotador de trabajo, me bajé del taxi colectivo en el sector de Bellavista en Valparaíso y al dirigirme hacia la calle Condell, vi que estaban cortando el tránsito y estaba lleno de carabineros. Al seguir avanzando pude ver una multitud de gente agolpada en la calle y a lo lejos sonidos de tambores que se me confundían con al música que llevaba pegada en mis oídos con mi reproductor mp3, todo esto sumado al cansancio de un viernes por la tarde, me hizo creer que estaba en medio de una protesta política, más aun cuando encabezaba la marcha un grupo de punkis anarquistas que tenían una pancarta hecha de bolsas de basura negras, que con el viento huracanado se volaba y no podía lograr leer bien cual era su motivo de queja. Llamaron mucho mi atención sus atuendos y peinados, desenfadados y llamativos, de una estética muy alternativa y rebelde, aunque bastante pacíficos, pues solo marchaban expresando su desacuerdo. Más me confundí, cuando detrás venían unas bailarinas de música nortina tipo “la tirana”, con coloridos vestidos y alegre ritmo. Ahí noté que la cosa no era protesta, pues más parecía una fiesta, pero a esa hora yo ya no entendía nada. Atravesé la calle y me dirigí al centro Casa Arte a mi reunión semanal con el grupo de investigaciones poéticas. Subí la vieja escala y arriba me encontré con los miembros del grupo que me aclararon que el show de afuera era un carnaval que se viene haciendo hace algunos años y que existen algunos individuos que no están de acuerdo, de ahí los chicos que reclamaban. Yo la verdad a veces estoy tan metida en mi mundo que ni me entero de estas cosas hasta que caigo en medio de una sin querer. Seguí presenciando el evento desde la ventana del segundo piso del recinto. Muchas diabladas y folclor nortino, batucadas y trajes brillantes. Lo más freak fue al final, pues en extraño cambio la música de la tirana de pronto se transformó en una cumbia y acabaron cantando y bailando “la piragua” tanto los danzantes profesionales como el público espectador, un híbrido, de diabladas caribeñas o una especie de fiesta de la tirana centroamericana. Claro, igual la gente se veía muy contenta, pues la música eleva el espíritu. Ah! Y yo no terminé ahí mi experiencia musical, pues a esta reunión semanal del grupo Caza Azul, estaban invitados un conjunto de música pop rock “Neuras”, pues uno de sus integrantes es del centro de investigación poética. En uno de los salones desplegaron toda su energía instrumental y vocal, haciéndonos disfrutar del ritmo y melodías de sus canciones. Tomé algunas fotografías, pueden ver una arriba de este artículo. Luego me senté a escuchar, pues si hay algo que no se puede negar es que oír instrumentos en vivo es mejor que una grabación. Ya de noche, después de toda la música que había escuchado y de la posterior tertulia de la que había disfrutado con mis amigos poetas e invitados, me vine a casa, y para variar, me armé de mis audífonos y regresé escuchando mi mejor selección en mi reproductor de mp3, es que no puedo estar sin escuchar algo de música.
Este viernes que pasó, fue marcadamente musical. Les contaré que a eso de las siete de la tarde, luego de un día bastante agotador de trabajo, me bajé del taxi colectivo en el sector de Bellavista en Valparaíso y al dirigirme hacia la calle Condell, vi que estaban cortando el tránsito y estaba lleno de carabineros. Al seguir avanzando pude ver una multitud de gente agolpada en la calle y a lo lejos sonidos de tambores que se me confundían con al música que llevaba pegada en mis oídos con mi reproductor mp3, todo esto sumado al cansancio de un viernes por la tarde, me hizo creer que estaba en medio de una protesta política, más aun cuando encabezaba la marcha un grupo de punkis anarquistas que tenían una pancarta hecha de bolsas de basura negras, que con el viento huracanado se volaba y no podía lograr leer bien cual era su motivo de queja. Llamaron mucho mi atención sus atuendos y peinados, desenfadados y llamativos, de una estética muy alternativa y rebelde, aunque bastante pacíficos, pues solo marchaban expresando su desacuerdo. Más me confundí, cuando detrás venían unas bailarinas de música nortina tipo “la tirana”, con coloridos vestidos y alegre ritmo. Ahí noté que la cosa no era protesta, pues más parecía una fiesta, pero a esa hora yo ya no entendía nada. Atravesé la calle y me dirigí al centro Casa Arte a mi reunión semanal con el grupo de investigaciones poéticas. Subí la vieja escala y arriba me encontré con los miembros del grupo que me aclararon que el show de afuera era un carnaval que se viene haciendo hace algunos años y que existen algunos individuos que no están de acuerdo, de ahí los chicos que reclamaban. Yo la verdad a veces estoy tan metida en mi mundo que ni me entero de estas cosas hasta que caigo en medio de una sin querer. Seguí presenciando el evento desde la ventana del segundo piso del recinto. Muchas diabladas y folclor nortino, batucadas y trajes brillantes. Lo más freak fue al final, pues en extraño cambio la música de la tirana de pronto se transformó en una cumbia y acabaron cantando y bailando “la piragua” tanto los danzantes profesionales como el público espectador, un híbrido, de diabladas caribeñas o una especie de fiesta de la tirana centroamericana. Claro, igual la gente se veía muy contenta, pues la música eleva el espíritu. Ah! Y yo no terminé ahí mi experiencia musical, pues a esta reunión semanal del grupo Caza Azul, estaban invitados un conjunto de música pop rock “Neuras”, pues uno de sus integrantes es del centro de investigación poética. En uno de los salones desplegaron toda su energía instrumental y vocal, haciéndonos disfrutar del ritmo y melodías de sus canciones. Tomé algunas fotografías, pueden ver una arriba de este artículo. Luego me senté a escuchar, pues si hay algo que no se puede negar es que oír instrumentos en vivo es mejor que una grabación. Ya de noche, después de toda la música que había escuchado y de la posterior tertulia de la que había disfrutado con mis amigos poetas e invitados, me vine a casa, y para variar, me armé de mis audífonos y regresé escuchando mi mejor selección en mi reproductor de mp3, es que no puedo estar sin escuchar algo de música.